En el ámbito de la sociedad contemporánea, resulta cada día más notable la creciente responsabilidad que recae sobre nosotros, los profesionales de la Seguridad Ciudadana.
Su consideración de icono representativo de la sociedad, el correcto y más elevado desempeño de sus funciones, excede toda fórmula de determinación. Si bien es cierto que en este mal llamado mundo globalizado, incide directamente la problemática local, el grado de disponibilidad e implicación política, los recursos financieros (no siempre correctamente distribuidos, que determinan el nivel de capacitación y equipamiento profesional disponible) diferenciándose en gran medida cada país o región; lo cierto es que todo Profesional Militar o Policial, debería desempeñar con igual fuerza e intensidad, la misma vocación de servicio y espíritu de lucha.
Somos una clase muy diferente de personas. Cada nueva jornada, nos enfrentamos por propia elección, a la parte más oscura del ser humano, con el firme propósito de la preservación de un muy frágil equilibrio, al cual intentamos aportar cierto grado de coherencia y un nivel de convivencia que resulte realmente factible. A diario debemos enfrentarnos a una lucha sin cuartel, conscientes de que en tan solo un breve instante (siempre brusco e inesperado), todo nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, puede cambiar para siempre.
Confiamos en el poder individual latente en cada persona, creemos en el potencial de lucha de cada Policía, en cada parte del mundo, quien frente a la injusticia o a la violencia inusitada, salvaje y sin sentido, opta por erguirse, contener, neutralizar y proteger, al inocente e indefenso. Esta acción será decisiva en el futuro, influyendo sobre la vida de cada uno de los implicados (sí, criminales inclusive). Un padre que puede volver a su casa para abrazar a su esposa. Una madre que puede volver a ver a sus hijos... No debemos olvidar jamás la gran responsabilidad de la cual nos han nombrado como depositarios en el mismo momento en que realizamos el juramento de nuestro cargo.
No debemos olvidar jamás, las repercusiones o consecuencias de nuestros actos. Y sin embargo, en medio de este desesperanzador y tragicómico escenario, continuamos...
Si el día de mañana, te enfrentas a la posibilidad de tener que tomar la vida de otra persona, nunca olvides lo que ello significa: quitarle a un ser humano todo lo que ha sido...y lo que pudo ser. Es cierto, hay ocasiones en las cuales no se nos da otra opción. Sin embargo, tras la experiencia en situaciones extremas, es posible asegurar algo: estas situaciones, pueden ser reducidas a un número muy escaso. ¿Cómo? ¡Con entrenamiento continuo!
La capacitación, siempre dicta el método. Si es deficiente, siempre te sentirás en peligro y responderás consecuentemente. Mientras más cualificado y continuo sea tu entrenamiento profesional, más seguro y de más opciones de neutralización dispondrás, para que al final tu trayectoria profesional haya sido una carrera de obstáculos, los cuales has sido superando con éxito hasta ser capaz de revisar tu pasado siendo consciente de que batalla tras batalla, gracias a tu determinación y buen hacer, fuiste capaz de ganarle la guerra a la desidia en la que viste caer a muchos compañeros.
Que sirvan estas letras como un cálido homenaje a nuestras sufridas familias y a todos aquellos que nos dejaron en el camino, y al tiempo sirva de aliento para esos excepcionales compañeros de viaje, de una voluntad indestructible que mientras conservemos un soplo de vida, continuaremos en la lucha.